LA NAVIDAD ACABARÁ CON EL PLANETA

La Navidad acabará con el planeta. Sí, la dulce y cada día menos blanca Navidad.

Máximo exponente del consumismo moderno. Cada año por estas fechas nos lanzamos como posesos a la caza y captura del último grito en tecnología, de simulaciones de abetos de plástico que no caben en casa, burro grande ande o no ande. Nos lanzamos a la decoración del hogar con mayor o peor suerte de gusto, pero eso sí confeccionadas con toneladas de plástico o similares. Decoraciones que al próximo año habrán pasado de moda y quedarán en el fondo de una ecológica caja de cartón hasta que en una de estas limpiezas primaverales generales acaben en el vertedero.
En los hogares más tradicionales el Belén ocupara un lugar destacado. Claro que solo en los más pudientes las figuras serán de barro o cerámica. En los demás, sí, de plástico. Figuras de diferentes series y tamaños a las que cada año en nuestra visita al mercadillo navideño y para hacer las delicias de los peques añadiremos una más. Y como no, de plástico. Eso, si en un ataque de optimismo navideño, no decidimos tirar la casa por la ventana y renovar todo el plantel de figurantes por un estilo más moderno u otro vintage. El caso es traer más plástico a casa. A la postre acabará tarde o temprano en el cubo de la basura y no necesariamente en el amarillo.
Tambien nos lanzamos en masa sobre los centros comerciales, inmovilizados en atascos sobre vehículos de todo tipo a la entrada de los aparcamientos. Quemaremos toneladas de gasolina mientras damos vueltas en busca de una plaza o acera donde dejar el coche. En nombre del espíritu navideño mancillaremos las plazas reservadas para discapacitados. Tenemos la ineludible misión de consumir, más cantidad, más rápido. Sin importar qué, cómo, para, y todos aquellos adverbios que se les ocurran. Sin ni siquiera pensar si seremos capaces de asimilar toda esa cantidad de alimentos más o menos sanos, ni residuos, ni reuniones familiares, fiestas de empresa (por cierto, porque seguimos asistiendo para reír las gracias del magnífico cabrón que es nuestro jefe).
Por último, el día de Reyes. Que vendrá en camellos saturados de regalos para los más peques. Muchos de ellos fabricados en factorías asiáticas por menores explotados laboralmente u operarios sin cualificación y sin derechos laborales incluso sin derechos civiles. Y como no regalos fabricados en plástico. Envueltos en toneladas de cartón, papel de regalo, pero en blíster de plástico o envoltorios de celofán.
La Navidad acabará con el planeta. No por casualidad el Grinch es verde, es ecologista. Papá Noel sucumbió hace tiempo al brebaje capitalista por antonomasia.